Vista de La Riva - Blazquez
ALBARIZA
Pago Macharnudo Bajo · Jerez de la Frontera

La Riva - Blazquez

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Historia de la viña

Historia

La actual viña La Riva comprende un conjunto de propiedades situadas en una de las laderas que descienden desde el Cerro del Obispo, integrado históricamente por las viñas La Hortelana, Viña La Riva y Viña Blázquez. Mientras que La Hortelana ha conservado su identidad hasta nuestros días, las antiguas Viña La Riva y Viña Blázquez12 acabaron integrándose en una única explotación, manteniéndose únicamente el nombre de La Riva.

Esta circunstancia resulta especialmente relevante desde el punto de vista histórico, ya que ambas fueron durante siglos propiedades independientes y dieron origen a dos de las casas bodegueras más prestigiosas del Marco: por un lado, la bodega Manuel Antonio de la Riva y, por otro, la bodega Agustín Blázquez. Aunque en la actualidad constituyan una sola unidad vitícola y así serán tratadas en este capítulo, comprender su origen separado permite entender mejor la evolución histórica de Macharnudo y de algunas de sus marcas más emblemáticas.

La finca actual, integrada en el conjunto de propiedades que Valdespino adquirió en 2013, abarca 35,35 ha, con cotas que descienden desde los 81 m de los alrededores de la casa hasta los 21 m en las zonas más bajas. La pendiente media alcanza el 8,3 % en la vertiente sur y el 8,9 % en la suroeste, lo que garantiza una elevada exposición solar. Predominan las albarizas de menor altitud y con un mayor contenido en arcilla que las del núcleo de Macharnudo Alto.

Históricamente, la Viña La Riva se dividía en tres sectores de vendimia determinados por la naturaleza del suelo. Las zonas más bajas se destinaban preferentemente a la elaboración de vinos para crianza oxidativa, mientras que las partes más elevadas y de albariza más pura se reservaban a los vinos pálidos. Dentro de cada uno de estos sectores se realizaban al menos tres pases de vendimia, siguiendo una práctica habitual en los grandes pagos del Jerez decimonónico.

Como puede observarse en el plano de López Cepero de 1904, Viña La Riva y Viña Blázquez aparecían todavía como dos viñas contiguas, origen de dos de las bodegas más influyentes de la historia del Marco. A continuación, se analizará la historia de ambas casas bodegueras, su evolución a lo largo del tiempo y el proceso por el que terminaron formando parte de un mismo conjunto de propiedades.

Bodegas históricas

MANUEL ANTONIO DE LA RIVA

La bodega Manuel Antonio de la Riva tiene su origen en 1776, aunque fue el empresario santanderino Manuel Antonio de la Riva quien, tras adquirirla en 1858 con apenas veinte años, la convirtió en una de las casas más prestigiosas del Marco de Jerez. Paralelamente a su intensa actividad pública, como Diputado a Cortes por Jerez y Presidente de la Cámara de Comercio, desarrolló una empresa que comenzó como cosechero y almacenista y que terminó consolidándose como una referencia en la elaboración de vinos de calidad. Sus libros de registro constituyen hoy una fuente documental excepcional para comprender la relación entre viña y bodega durante el siglo XIX, así como la evolución del sistema de clasificación de los vinos mediante palmas, cortados y rayas.

La estrecha vinculación de la casa con Macharnudo fue una de las claves de su prestigio. Entre sus principales propiedades vitícolas figuraban la Viña La Riva, la Viña Sabel y Los Arcos. Además, la bodega adquiría regularmente uvas procedentes del Majuelo, buscando complementar sus elaboraciones con algunas de las mejores partidas del pago.

Con el tiempo, la bodega Manuel Antonio de la Riva pasó a integrarse en el grupo Pedro Domecq S.A., donde figuró como una de sus bodegas filiales. Estas filiales distaban mucho de ser pequeños establecimientos. La Riva fue una bodega de tamaño intermedio, reconocida tanto por la calidad de sus vinos como por una notable capacidad de producción.

En 2015, La Riva fue adquirida por Ramiro Ibáñez y Willy Pérez con el propósito de dar continuidad a la tradición enológica de la histórica casa. Desde entonces, la actividad se ha orientado a la elaboración de vinos blancos de parcela, finos, manzanillas y otros vinos históricos del Marco, con especial atención a la expresión de los pagos y a la recuperación de prácticas tradicionales de elaboración y crianza. Una parte importante de estos vinos procede de parcelas de Macharnudo, entre ellas San Cayetano y El Notario, manteniendo el vínculo histórico de la bodega con este pago. Conviene señalar que esta adquisición se refiere exclusivamente a la bodega, ya que las antiguas viñas La Riva, Sabel y Los Arcos continúan perteneciendo al Grupo Estévez.

La lectura de las botellas antiguas de La Riva presenta a menudo una dificultad añadida: las menciones de clase, edad, procedencia o estilo no siempre permiten al aficionado, al sumiller o al restaurante discernir con precisión qué tipo de vino tiene delante. Con el propósito de ofrecer una guía de interpretación, el siguiente recuadro ordena los vinos históricos de la casa según las clases recogidas en una tarifa de precios de La Riva de 1910, junto a los vinos elaborados en la etapa contemporánea iniciada en 2015. Aunque en el cuadro se han omitido los importes para facilitar la lectura visual, la escala de precios antigua ayuda a comprender la jerarquía interna de la bodega: la crianza biológica iba aproximadamente de 2,50 a 5,75 pesetas por botella; los amontillados, de 3 a 7,50 pesetas; los olorosos, de 2,50 a 6,75 pesetas; y los dulces, de 2,50 a 6,75 pesetas. Por encima de estas categorías aparecían las especialidades del almacenado más viejo de la casa, entre 8,25 y 16,75 pesetas por botella, donde se situaban vinos como Matusalem, Moscatel Viejísimo o Viejo Pedro Ximénez. Como referencia, en la España agraria de comienzos del siglo XX un jornal podía situarse en torno a 2–3 pesetas diarias, de modo que esta escala no debe leerse solo como precio, sino como indicio histórico de selección, edad y prestigio dentro del propio catálogo de la casa.

LA RIVA AYER Y HOY (DESPIECE)

Bodegas históricas

AGUSTÍN BLÁZQUEZ

La casa de Agustín Blázquez figura entre las bodegas más representativas del Jerez de finales del siglo XIX y buena parte del XX. Su historia estuvo estrechamente ligada a la defensa de los vinos de pago y al prestigio de algunas de las mejores viñas de Macharnudo y Balbaína, convirtiéndose en una de las referencias del Jerez clásico.

El fundador de la empresa fue Agustín Blázquez, heredero, por vía matrimonial, de una de las grandes fortunas bodegueras de su tiempo. Los Paul, familia de comerciantes acomodados, habían iniciado el negocio vinatero y establecido sus bodegas en la calle Paul, donde Blázquez continuaría desarrollando la empresa. Todo indica que la propia Viña Blázquez formó parte de esa herencia, ya que distintos registros de fincas colindantes citan a José Paul como propietario de terrenos en la misma zona de Macharnudo.13

Tras la muerte de Agustín Blázquez en 1886, uno de sus ocho hijos, Manuel Blázquez, asumió la dirección y reorganizó la firma bajo la razón social Hijos de Agustín Blázquez S.A. La bodega ocupaba un amplio conjunto de edificios en la calle Paul, en el espacio donde hoy se levanta la sede del Consejo Regulador, frente a la iglesia de Capuchinos, que daría nombre a uno de sus vinos más célebres: el Palo Cortado Capuchino.

Como otras casas surgidas tras la polémica de Thudichum, Blázquez defendió un modelo basado en vinos naturales, de crianza biológica y profundamente vinculados a sus pagos de origen. Sus viñas más prestigiosas fueron la propia Viña Blázquez, en Macharnudo, y Santa Cecilia, en Balbaína, de donde procedía el fino Agustinito, más pálido y ligero que Carta Blanca.

La empresa mantuvo su actividad independiente hasta 1972, cuando fue adquirida mediante una operación conjunta de Domecq, González Byass y Osborne para impedir que Rumasa incorporara la firma a su creciente grupo bodeguero. Finalmente fue Domecq quien asumió en solitario el coste de la operación, incorporando Blázquez a su red de bodegas, junto a Sancho, Florido y La Riva.

Con la compra, el Palo Cortado Capuchino pasó a formar parte del catálogo de Domecq, mientras que el Oloroso Sibarita evolucionó hacia un perfil de mayor vejez. Las soleras originales se conservaron, aunque el sistema de sacas fue modificándose mediante la selección de criaderas más antiguas, alterando progresivamente el perfil sensorial del conjunto.

Tras la desaparición de Domecq como empresa familiar, diversas partes del histórico soleraje de Blázquez fueron adquiridas por Bodegas Tradición, mientras que la mayor parte de los vinos históricos procedentes de la unión entre Blázquez y Domecq quedó bajo la custodia de Osborne, donde todavía se conserva una parte significativa de aquel legado.

Mapa de la parcela

Mapa de la parcela

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Vinos

Vinos documentados vinculados a esta viña.

01

Vino histórico

La Riva Macharnudo 1920

Grupo de pagos
Macharnudo
Pago
Macharnudo Bajo
Añada
1920
D.O.
Jerez-Xérès-Sherry
Tipología
Fino
Elaboración
Cuatro criaderas y solera · sacas trimestrales · ensamblaje histórico
Vinculación históricaManuel Antonio de la Riva
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La Riva Macharnudo 1920

Los vinos de La Riva de la primera mitad del siglo XX procedían de un pequeño soleraje de apenas 400 botas que daba lugar a un vino de baja producción, por lo que encontrar botellas en el mercado actual no resulta fácil. Aun así, Macharnudo Fino La Riva debe ser considerado como uno de los máximos representantes de esta época. Vinos finos de gran concentración, sensación pétrea y sápida, donde la crianza biológica solo complementa al vino de forma secundaria. A a pesar del tiempo transcurrido en botella se sostiene en el postgusto con gran sensación cítrica, que lo hace muy delicado y a su vez potente.

El soleraje estaba compuesto por cuatro criaderas y una solera. Aunque no se conoce el número exacto de botas en cada criadera, consta que la solera tenía 75 botas y la primera criadera 90. Las sacas se realizaban en un periodo trimestral.

Los mostos procedían de la viña La Riva en el pago de Macharnudo en un porcentaje mayoritario. También había pequeños porcentajes de Añina que complementaban la solera dependiendo del año. Los mostos procedentes de Balbaína complementaban la solera de Balbaína fino. La media de graduación de los mostos procedentes de Macharnudo era de 15 % y eran fortificados levemente hasta 15,5 %. Permanecían almacenados uno o dos años marcados como Marca / [YPC12.1]hasta la entrada en la cuarta criadera.

Finalmente existía un ensamblaje donde el 85 % salía de la solera de fino, un 8 % de amontillado, un 5 % de sobretablas de Macharnudo y un pequeño porcentaje de amontillados viejos. Es de suponer que se buscaba ganar algo de frescura con el porcentaje de sobretablas y contundencia con la diferente gama de amontillados.

02

Vino histórico

Carta Blanca

Grupo de pagos
Macharnudo
Pago
Macharnudo Bajo
Añada
NV · soleraje histórico
D.O.
Jerez-Xérès-Sherry
Tipología
Fino
Elaboración
Ligero asoleo · un año en sobretablas · tres criaderas y solera · sacas trimestrales
Vinculación históricaAgustín Blázquez
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Carta Blanca

Carta Blanca de Agustín Blázquez se cuenta entre las grandes botellas de la historia del vino. Representa una de las cimas estéticas del Marco de Jerez y constituye la máxima expresión conocida de aquel histórico viñedo.

Como se ha expuesto al describir la finca, los suelos del sector meridional del Cerro del Obispo dieron origen a un vino irrepetible. Aunque la viña desapareció como entidad física tras su incorporación a La Riva, su personalidad quedó fijada para siempre en Carta Blanca.

No es únicamente una cuestión de rareza. Su sapidez inconfundible, la precisión del centro de boca y la salinidad cortante que lo define lo convierten en uno de los grandes arquetipos del vino blanco de Jerez. Pocos vinos han alcanzado con tanta naturalidad el equilibrio entre potencia y finura. Su desaparición antes de la profunda homogeneización enológica de finales del siglo XX terminó por preservar intacto ese prestigio.

Como ocurre con otras grandes obras, la distancia histórica ha permitido comprender plenamente su verdadero alcance. Resulta revelador que un vino hoy considerado de culto fuese durante décadas un fino muy popular en la Feria de Sevilla, identificado por una contraetiqueta ilustrada con una mujer vestida de flamenca. Algunos testimonios antiguos lo recordaban incluso como un vino «cabezón», una paradoja que demuestra cómo las obras más singulares necesitan, a menudo, el juicio del tiempo para ocupar el lugar que les corresponde.

A comienzos de la década de 1940, el soleraje de Carta Blanca estaba formado por 1.787 botas distribuidas entre una solera y tres criaderas. Los mostos procedían mayoritariamente de los viñedos que daban origen a este vino. Tras un ligero asoleo, fermentaban en botas de unos 500 litros hasta alcanzar entre 13,5 y 14 % de alcohol. Permanecían posteriormente alrededor de un año en sobretablas antes de incorporarse a la tercera criadera.

La tercera criadera presentaba una edad media cercana a los dos años, además del periodo de sobretablas. La segunda estaba formada por toneles, circunstancia que explica su menor número de envases, y alcanzaba una edad media aproximada de tres años. La primera criadera y la solera tenían cuatro y cinco años de vejez, respectivamente.

Las sacas se realizaban trimestralmente, dando lugar a uno de los finos de mayor difusión comercial de su tiempo y de enorme aceptación en la Feria de Sevilla. Con el paso de las décadas, el gusto del mercado fue desplazándose hacia finos cada vez más pálidos y ligeros. Carta Blanca quedó así como el testimonio de una manera distinta de interpretar los vinos de pago: más amplia, más sápida y profundamente vinculada a la identidad de su viñedo de origen.

Imágenes y conversaciones

FOTOGRAFÍAS · 5

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