
Valdespino
Historia de la viña
Historia
Quien ha recorrido Jerez suele haber visto la viña Valdespino. Es una de las primeras que aparecen a la salida de la ciudad y, al circular por la carretera de la Loba, resulta casi inevitable fijarse en ella. Para los aficionados que observan con atención las viñas a su paso, el triángulo de 33,74 hectáreas que conforma su parcela transmite una energía singular. No es necesario conocimiento previo en viticultura o edafología: la intuición, a veces, basta para presentir cuándo una viña dará un gran vino.
Las razones agronómicas de esa grandeza son claras: emplazamiento a tres cuartos de altura en el cerro, orientación sur, cota media en torno a 90 metros y un magnífico suelo de barajuelas. Con todo, hay una constatación más directa del valor de la parcela: basta acudir a una buena vinoteca y escoger una botella de Inocente. Pocos vinos de Gran Viña en el mundo ofrecen un precio de acceso tan contenido.
Esta viña ha aportado históricamente los mejores mostos a los solerajes de Inocente y Tío Diego desde hace más de un siglo, y hoy es uno de los pocos viñedos utilizados en sentido estricto como single vineyard. Ello ha consolidado a Valdespino como una de las casas más respetadas de Jerez, con el respaldo de los aficionados desde muy temprano.
Su éxito fue precoz. La firma nació en 1875 y ya en 1877 presentó sus elaboraciones en la Exposición Nacional de Vinos con gran reconocimiento. En apenas dos años, Inocente se había convertido en uno de los mayores objetos de deseo entre los amantes del perfil fino/amontillado.
Una ventaja histórica contribuyó a esa trayectoria. Nacida un año después del célebre y polémico artículo de Thudichum de 1874 —tema que se abordará con detalle en el próximo tomo—, la bodega articuló desde el inicio un proyecto de marcada vocación purista en vinos naturales, en sintonía con otras casas del último cuarto del siglo XX. Valdespino capitaneó ese movimiento en Jerez presentando la trazabilidad de la uva desde la viña hasta la botella. Así lo muestra el documento oficial de análisis que se reproduce a continuación.
El análisis indica que la palomino alcanzaba naturalmente los 15 en viña, sin adición alcohólica. Se trata de uno de los testimonios más elocuentes sobre la cumbre cultural vitivinícola del Marco de Jerez: además de su valor simbólico, tuvo una notable repercusión entre los aficionados de la época. En pleno debate sobre la intervención o no de los jereces, una de las casas de referencia presentaba una trazabilidad analítica que acreditaba la naturalidad del proceso. Las consecuencias fueron inmediatas: Inocente se elevó como una de las marcas más respetadas por los bebedores de Jerez.
Valdespino continuó una carrera de éxito hasta rozar —aún operativa— el siglo XXI, hito que muchas empresas de tamaño comparable no alcanzaron. Meses antes de concluir el milenio, la casa fue adquirida por un empresario profundamente enamorado del vino. La fecha es difícil de olvidar: 09/09/1999.
José Estévez de los Reyes fue una de esas personalidades que no pasan desapercibidas. Además de su reconocido éxito empresarial en el sector de las arenas, gozaba de gran aprecio en el mundo del arte. Su entusiasmo por los vinos de Jerez lo llevó a impulsar uno de los proyectos más ambiciosos de la era moderna, que en pocos años se consolidó como una de las bodegas más reconocibles del sector.
Su experiencia bodeguera se había iniciado con la adquisición de la mayoría de las acciones de Marqués del Real Tesoro en 1985. Posteriormente incorporó la marca Tío Mateo, que desde entonces se convirtió en emblema de la casa. Valdespino, Hijos de Rainiera Pérez Marín y M. Gil Luque se fueron integrando progresivamente en la firma José Estévez S.A.
La bodega ha mantenido un marcado carácter familiar: José Ramón Estévez Puerto es el actual director general y, junto a sus hermanos, lideró la compra histórica de Macharnudo en el 2013, operación con la que, sumando más de 800 hectáreas, el grupo se convirtió en el mayor viticultor de Andalucía. La gestión de esta vasta superficie recae en Juan Carlos Estévez, que recorre diariamente más de 100 kilómetros entre liños para seguir la evolución de cada parcela. Además del volumen operativo, Carlos ha impulsado líneas de investigación de gran interés para el futuro del Marco, como la hibridación de nuevas variedades adaptadas y la selección de clones de palomino con mayor acidez y concentración de azúcares.
Los vinos de Valdespino sintetizan una de las expresiones más puras del Marco de Jerez. La bodega ha conseguido elaborar vinos excelsos procedentes de sus viñas, caracterizados por su notable sapidez, profundidad y volumen en boca. Sobre esa base se articulan algunos de los estilos más emblemáticos de la casa, desde el fino Inocente o el histórico amontillado Tío Diego hasta una serie de soleras antiquísimas que forman parte del patrimonio enológico del Marco, como el oloroso de Su Majestad, el amontillado Coliseo o el extraordinario moscatel Toneles, vinos que resumen la dimensión histórica y la ambición cualitativa de la firma.
EDUARDO OJEDA (PERFIL DESTACADO)
Eduardo Ojeda (Jerez, 1954) es una de las figuras enológicas más influyentes del Marco de Jerez en las últimas décadas y una referencia histórica de la casa Valdespino. Incorporado al grupo José Estévez en el año 2000, tras la adquisición de la bodega, participó en una etapa clave de redefinición estilística en la que comenzó a reivindicarse con mayor claridad el protagonismo de la viña y del origen frente al modelo dominante de finales del siglo XX, fuertemente centrado en la crianza bajo velo de flor. Desde esa perspectiva defendió una lectura más territorial de los vinos del Marco, con especial atención a los pagos de Macharnudo y a la expresión de la palomino en vinos de viña e incluso en blancos tranquilos.
Su influencia se extendió también fuera de la propia bodega a través de Equipo Navazos, proyecto iniciado junto a Jesús Barquín a mediados de la primera década del 2000, dedicado a seleccionar y embotellar botas singulares del Marco bajo la célebre serie "La Bota de...", que alcanzó gran reconocimiento internacional. A través de este trabajo, y de colaboraciones como la realizada con Dirk Niepoort en Navazos Niepoort, contribuyó a impulsar una nueva mirada sobre los vinos de Jerez, más atenta a la diversidad de pagos y abierta a reinterpretar la palomino en registros distintos dentro del panorama del vino español.
Vinos
Vinos documentados vinculados a esta viña.
