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Microclima del Marco

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Cartografía del microclima

El Marco de Jerez

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Temperatura

Consultando las estaciones…

Temperaturas observadas en el Marco de Jerez
Cómo se estima la temperatura

Los colores aproximan la temperatura entre estaciones. Se toma como referencia la distribución de las temperaturas medias del mes, recogidas en trece estaciones de la tesis de Pardo Calle (2007), y se interpola suavemente la diferencia con las observaciones de AEMET y de la red RIA del IFAPA, difundidas por SiAR. Son medias históricas de periodos distintos, no una normal horaria. Los índices vitícolas no se convierten en grados de temperatura actual.

El mapa utiliza una red estable de doce estaciones. Se elige la hora más reciente compartida por todas, conservando las lecturas de las últimas doce horas mientras llegan las de publicación más lenta. El gradiente y sus puntos avanzan juntos; ninguna lectura de otra hora rellena un hueco. La hora común y su retraso aparecen sobre el mapa. Si no hay un conjunto completo de las últimas tres horas, la estimación deja de mostrarse. Este límite es una decisión de presentación, no una garantía de precisión meteorológica.

La hora de referencia coincide, pero el muestreo difiere: AEMET aporta una lectura puntual e IFAPA la media de los treinta minutos que terminan a esa hora. Esa diferencia puede influir durante cambios térmicos rápidos; compartir la hora de cierre no hace equivalentes ambas medidas. No se adelantan los datos al presente. Se han excluido de esta red las estaciones AEMET de Medina Sidonia, Chipiona, Rota y Las Cabezas por su mayor retraso de publicación en la comprobación del 29 de septiembre de 2026. Esto no implica que sus temperaturas sean incorrectas. Las localidades sin una observación incluida conservan solo la estimación del mapa.

Las estaciones del entorno también contribuyen al gradiente, aunque queden fuera del encuadre. Fuera de su envolvente, señalada con rayado, se prolonga la diferencia de su borde siguiendo la referencia histórica. Allí la estimación tiene menos apoyo. No representa mediciones en cada pago ni resuelve inversiones térmicas, brisas locales o el relieve de cada viña.

Fuentes: AEMET OpenData y RIA/IFAPA a través de la consulta pública de SiAR (MAPA). Se utiliza exclusivamente temperatura del aire observada. Las medias diarias y las previsiones no se incorporan al mapa. Se consulta al entrar y cada cinco minutos mientras esta vista está abierta. La hora de consulta no sustituye a la hora de medición. Si falta una estación, se mantiene el último conjunto completo dentro de ese límite de tres horas, con su hora original. Las estaciones más rápidas no cambian solas el gradiente ni el conjunto de puntos. Al superar el límite se retira el mapa térmico y se indica la ausencia de una hora compartida. La posición sobre el dibujo editorial es aproximada y los datos pueden contener errores. Consultar las fuentes históricas.

Fuente: AEMET · IFAPA/SiAR · Cartografía: Albariza.

Zahara de la Sierra. Sierra de Cádiz al fondo
Zahara de la Sierra. Sierra de Cádiz al fondoAmpliar ↗
Playa de Sanlúcar de Barrameda. Desembocadura del Guadalquivir
Playa de Sanlúcar de Barrameda. Desembocadura del GuadalquivirAmpliar ↗

Cádiz encierra una geografía y una cultura tan profundas como singulares. Su territorio, delimitado al suroeste por el océano Atlántico y al sureste por el Mediterráneo, enlaza las suaves campiñas litorales de clima oceánico, cuyos relieves rara vez superan los 200 metros, con las alturas de más de 1600 metros de la serranía, donde se alza la localidad más lluviosa de España y uno de los relictos mejor conservados de bosque mediterráneo húmedo de Europa, el Parque de los Alcornocales. En ese breve arco de tierra confluyen paisajes, climas y tradiciones que conforman un mosaico de identidades entrelazadas. No existe una sola Cádiz, sino muchas que conviven y se reconocen en sus contrastes.

Esa pluralidad se expresa en su cocina, forjada a partir de los dones del entorno. El marisco del estuario del Guadalquivir, los quesos de cabra payoya, las verduras de los navazos sanluqueños, los tomates de las arenas de Conil, el atún de las almadrabas, las salazones y el garum de la costa de Bolonia, las vacas retintas o las salinas conformaron una gastronomía versátil y coherente, que desde épocas remotas entendió el acto de cocinar como una forma de diálogo con la naturaleza.

La vitivinicultura, expresión espiritual de esa misma cultura, se desarrolló bajo el mismo principio. Cada comarca aprendió a traducir su paisaje en vino. La frescura de la costa inspiró estilos ligeros y salinos, mientras que la densidad del interior dio lugar a vinos más profundos y estructurados. Así surgió una constelación de estilos que acompañaban cada mesa y cada modo de vida, reflejando la multiplicidad del territorio que los originó.

Esa capacidad de metamorfosis es uno de los grandes secretos de Cádiz. No solo ha permitido la continuidad de su vida y su cultura, sino también la evolución constante del Marco de Jerez, con vinos dulces y secos, blancos y tintos, frescos o sápidos, biológicos u oxidativos. Cada época otorgó protagonismo a un pueblo y a un estilo, mientras los demás los reinterpretaron según su propia tradición.

Este capítulo pretende, por tanto, trazar una cartografía del gusto. Reúne índices climáticos, descripciones de vientos y tipos de tosca, pero su fin no es sumar datos, sino utilizarlos como un lenguaje capaz de revelar el relieve invisible que las culturas más antiguas supieron leer, comprender y, finalmente, habitar: la identidad.

Pocos elementos naturales definen con tanta claridad el carácter de una región vitícola como el viento. Las diferencias de presión y temperatura, el relieve y los ríos moldean la identidad microclimática de cada territorio, y con frecuencia, esa combinación se manifiesta en vientos intensos. Buena prueba de ello es la resistencia que los viticultores muestran en muchas zonas clásicas ante la implantación de parques eólicos.

En el Marco de Jerez, el principal responsable de esas corrientes es el estrechamiento geográfico que se produce entre el Sistema Bético y las cordilleras del Rif y del Atlas: el Estrecho de Gibraltar. Este embudo natural acelera la transferencia de aire generada entre el anticiclón de las Azores y la baja térmica situada sobre el norte de África, produciendo el conocido efecto Venturi. El resultado es una canalización del viento en dirección este-oeste, en ambos sentidos, que confiere a la región su dinámica atmosférica característica.

La influencia del viento en el Marco es tan determinante que, durante el periodo de maduración, llega a convertirse en la principal preocupación de quienes trabajan la vid. Su presencia rige el calendario agrícola y condiciona incluso la vida cotidiana de los gaditanos. En los meses estivales, los vientos imponen su ley, organizan el trabajo en el campo y marcan el ritmo de la vendimia y la crianza.

Viento y estaciones
Viento y estaciones
EstaciónMar más cálidoMar más fríoGradiente de presiónSentido del flujoViento resultante
VeranoMediterráneo (baja presión)Atlántico (alta presión)Oeste → EstePoniente (Atlántico hacia Mediterráneo)
InviernoAtlántico (baja presión)Mediterráneo (alta presión)Este → OesteLevante (Mediterráneo hacia Atlántico)

El cuadro original contiene celdas sin completar.

Vientos dominantes

Poniente

El Poniente es el viento estructural del clima del Marco de Jerez, responsable de la moderación térmica, la humedad oceánica y gran parte del equilibrio fisiológico del viñedo y de la estabilidad de la flor. Es tan importante que sin él no sería posible la vitivinicultura de calidad en el Marco.

Procede del Atlántico con dirección O-SO-OSO y se caracteriza por ser húmedo, templado y de baja o moderada velocidad. Su frecuencia es alta durante todo el año, especialmente en primavera y verano, cuando el Mediterráneo actúa como foco de bajas presiones y el Atlántico mantiene una presión más alta. En estas condiciones el aire fluye de oeste a este, invirtiendo el gradiente invernal del Levante. El contraste térmico entre ambos mares genera una corriente estable que penetra por el Golfo de Cádiz y avanza tierra adentro sin grandes obstáculos, favorecida por la escasa altitud de la campiña.

Transporta aire oceánico húmedo y fresco, varios grados más frío que el Levante, produciendo un aumento inmediato de la humedad relativa y una disminución de la temperatura ambiental. Las series meteorológicas muestran que en Jerez y en la mayor parte del interior del Marco los vientos del W y SW son los más frecuentes. Son vientos de escasa turbulencia, responsables de gran parte de las precipitaciones junto con los vientos del sur.

La influencia del Poniente se manifiesta con intensidad en las zonas centrales y occidentales del Marco —Sanlúcar, Jerez, Trebujena, Chipiona, Lebrija—, donde penetra sin dificultad desde el Atlántico a través del corredor del Guadalquivir. En la Bahía de Cádiz su efecto es constante pero más amortiguado por la proximidad del mar. En el extremo sur —Chiclana, San Fernando—, su paso puede ser irregular cuando domina la componente norte o persiste actividad de Levante en el Estrecho.

Efectos del Poniente sobre el viñedo y la bodega

Desde el punto de vista agronómico, el Poniente es el viento más favorable para la vid en el clima cálido del Marco. Su principal virtud reside en la regulación climática. Aumenta la humedad ambiental, desciende las temperaturas diurnas y suaviza las nocturnas.

Estas condiciones reducen el estrés hídrico y favorecen la apertura estomática, manteniendo activos el metabolismo y la fotosíntesis. En los años secos ayudan a evitar bloqueos y prolongan el ciclo vegetativo, permitiendo maduraciones más lentas y equilibradas.

El resultado final es una uva de mayor calibre, piel más fina y que conserva mejor la acidez, favoreciendo producciones más altas. Estas condiciones resultan especialmente favorables para obtener vinos más fluidos y para el desarrollo de la crianza biológica, además de asegurar la supervivencia del viñedo a largo plazo al reducir su mortandad.

Sin embargo, su exceso también tiene inconvenientes. En campañas muy húmedas o primaveras lluviosas, la combinación de temperaturas suaves y elevada humedad relativa puede favorecer enfermedades criptogámicas, especialmente cuando alterna con periodos cálidos de calma. Su efecto beneficioso depende por tanto del equilibrio entre duración, intensidad y temperatura.

En las bodegas, el Poniente establece el microclima ideal para la flor. El aire húmedo que entra por las ventanas orientadas a poniente renueva el ambiente, reduce la temperatura interior y aumenta la humedad relativa, condiciones esenciales para la actividad de las levaduras del velo. La orientación tradicional de las bodegas jerezanas y sanluqueñas hacia el oeste o suroeste responde directamente a esta búsqueda.

Levante

El Levante es el viento más extremo del clima del Marco, responsable de episodios de sequedad, calentamiento súbito y tensión fisiológica en la vid, así como de una mayor inestabilidad en la flor. Procede del Mediterráneo con dirección E–ESE–SE y se caracteriza por ser muy seco, cálido y de elevada velocidad.

Su frecuencia es moderada, con mayor presencia en invierno y comienzos de primavera, cuando el Mediterráneo se enfría con rapidez y genera un núcleo de altas presiones frente a la baja relativa del Atlántico. En estas condiciones el aire fluye de este a oeste y se acelera al atravesar el Estrecho por efecto Venturi. El contraste térmico entre ambos mares genera un gradiente inestable que impulsa aire seco hacia el Golfo de Cádiz, y la baja altitud de la campiña permite su avance hacia el interior, aunque su fuerza disminuye claramente hacia el norte y noroeste del Marco.

Transporta aire mediterráneo muy seco y cálido, varios grados más caliente que el Poniente, produciendo una disminución inmediata de la humedad relativa y un ascenso térmico acusado. Los registros muestran que en el sur del Marco —Chiclana, San Fernando, Cádiz— alcanza su máxima intensidad, con cierta carga de humedad, mientras que en Jerez y el interior es menos frecuente y rara vez persiste varios días consecutivos, aunque cuando lo hace tiene un carácter más abrasivo. Al norte —Sanlúcar, Trebujena y la marisma— la presencia de aire atlántico más frío y denso en las capas bajas limita su avance, de modo que su efecto se reduce casi siempre a una desecación ambiental.

Efectos del Levante sobre el viñedo y la bodega

Desde el punto de vista agronómico, el Levante es el viento más exigente para la vid en el clima cálido del Marco. Su acción directa reduce la humedad ambiental e incrementa la evaporación del suelo, provocando una rápida pérdida de agua en los horizontes superficiales.

Ante esto, la planta activa mecanismos de defensa: se produce el cierre estomático para limitar la transpiración, los brotes jóvenes se endurecen y la actividad metabólica se ralentiza temporalmente. En años secos, ya que acorta el ciclo vegetativo, acelera la madurez fisiológica y puede causar quemaduras por insolación en los racimos más expuestos.

Como resultado, la producción disminuye, generando bayas más pequeñas, de pieles más gruesas y mostos más concentrados con menor acidez. Esto da lugar a vinos que son, desde sus inicios, más potentes. Sin embargo, en años húmedos o primaveras templadas, su efecto desecante se vuelve positivo al limitar infecciones criptogámicas y mejorar la sanidad del racimo, siendo crucial para el soleo de la uva si coincide con la vendimia.

Finalmente, en la bodega el Levante resulta desfavorable. Al aumentar la temperatura y reducir la humedad relativa interior, debilita el velo de flor. Esto favorece la merma acuosa de las botas y, en episodios prolongados, puede comprometer la estabilidad de la crianza biológica.

Vientos no dominantes

Norte

El viento de Norte es un aire frío, seco y de carácter continental que aparece principalmente durante el invierno y los comienzos de la primavera. Se manifiesta en periodos de estabilidad atmosférica tras el paso de frentes atlánticos, provocando un descenso de la temperatura y una reducción significativa de la humedad relativa sin aportar precipitaciones. Esto genera días despejados y noches frías con amplitudes térmicas marcadas.

Su frecuencia general en el Marco de Jerez es escasa, concentrándose mayoritariamente en la costa noroeste, especialmente en Rota, donde domina el régimen invernal. En el resto del territorio, y particularmente en Jerez, su incidencia es mucho menor y de baja intensidad.

Desde el punto de vista vitícola, su impacto directo es limitado debido a que coincide con el reposo vegetativo del viñedo. No obstante, cumple funciones sanitarias y preparatorias importantes: ayuda al buen agostamiento de la madera y favorece la caída de la hoja necesaria para la poda. Asimismo, estas condiciones climáticas son beneficiosas para el desarrollo de las cubiertas vegetales durante el invierno.

Sur

El viento de Sur es un flujo de aire cálido y húmedo, de origen atlántico, asociado a las borrascas otoñales e invernales que cruzan el Golfo de Cádiz. Aunque su frecuencia general en el Marco de Jerez es baja, sus efectos son notorios: durante estos episodios, el aire templado del sur se mezcla con masas frías del oeste, provocando lluvias generalizadas y un ascenso de la temperatura ambiental.

Su incidencia varía según la zona. En la costa noroeste, especialmente en Rota, las rachas máximas de otoño suelen tener dirección S o SO. En cambio, en el interior de Jerez su presencia no llega a dominar y queda a menudo enmascarada por el Poniente de componente oeste suroeste. En la Bahía de Cádiz, se manifiesta principalmente como episodios breves que aumentan la humedad y la nubosidad antes de la llegada de frentes atlánticos.

Desde la perspectiva agronómica, cumple un papel vital como aportador de recursos hídricos. En el viñedo eleva la humedad relativa, reduce el déficit hídrico del suelo y favorece la recuperación vegetativa tras periodos secos. No obstante, si los episodios son prolongados y coinciden con temperaturas suaves, incrementan el riesgo de enfermedades criptogámicas.

Finalmente, en la bodega su influencia es delicada. El aire cálido y húmedo altera el equilibrio térmico interior, lo cual puede debilitar la flor y comprometer su estabilidad si no existe una ventilación suficiente.

Dirección e intensidad de los vientos por localidades en el Marco de Jerez.
Zona / EstaciónDirección dominanteÉpoca del añoIntensidad / racha máximaObservaciones
San FernandoESE (levante)Invierno – PrimaveraMuy alta (racha máx. ESE en abril)Zona más afectada por el levante canalizado; solo en el intervalo abril-junio predomina W
ChiclanaE (levante)Primavera – VeranoAltaMismo patrón que San Fernando; algo más húmedo y ocasional NW en diciembre
CádizE (invierno) / W (verano)Invierno fuerte E, resto WAltaTransición más marcada entre levante y poniente
Puerto Real / El PuertoE–SE ↔ W (alterno)Todo el añoMediaAlternancia de ambos vientos; zona intermedia bahía-interior
JerezW–WSW (Poniente)Todo el añoMedia-baja (racha máx. WSW en otoño)Dominio atlántico, mayor % de calma (≈ 29 %)
RotaNNE (invierno) / W (verano)Otoño racha S–WSWMediaLevante muy atenuado; predomina viento atlántico
Sanlúcar – TrebujenaW (poniente)Todo el añoBajaZona menos ventosa del Marco; fuerte influencia atlántica
LebrijaW (poniente)Todo el añoBajaPatrón semejante al sector norte; escasa influencia del levante

Resulta sorprendente que, a escasos 70 kilómetros de Jerez, se encuentre la población más lluviosa de España. En la Sierra de Grazalema se superan los 2100 l/m2 anuales, y no es raro superar los 3000, cifras que la sitúan entre las más húmedas de Europa. La elevada pluviosidad de esta sierra gaditana se debe a la denominada lluvia orográfica. Este fenómeno se produce cuando los vientos de Poniente, cargados de humedad procedente del Atlántico, se ven obligados a ascender por la cara de barlovento de la Sierra de Grazalema hasta cotas de altitud que provocan su enfriamiento y, por tanto, la condensación del agua. Aunque la zona de viñedos se sitúa a alturas muy inferiores, la pluviometría en la costa alcanza la nada desdeñable cifra de 600 l/m2 anuales, repartidos en unos 75 días de precipitaciones.

Las precipitaciones medias por meses en Jerez (l/m²)

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Las precipitaciones medias por meses en Jerez (l/m2)
EFMAMJJASOND
79,97385,452,135,915,41,33,127,176,994,691,4

La lluvia, como en gran parte de las regiones vitícolas clásicas, se concentra en ciclos bien definidos. El periodo húmedo se extiende desde septiembre hasta abril, ambos inclusive, tras el cual comienza el periodo seco. Este último coincide con la etapa que va desde la floración hasta la vendimia de la uva palomino. En los últimos años, algunas viñas llegan a florecer ya en abril y pueden vendimiarse posteriormente en agosto.

Las necesidades hídricas medias de la vid en suelos de albariza se estiman en torno a 700 l/m2 al año. Dado que la pluviometría histórica de la zona ronda los 600 l/m2, se produce un déficit aproximado de 100 litros. De ahí la enorme importancia de la capacidad de almacenamiento de agua de la albariza.

Balance hídrico

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Diagrama ombrotérmico y balance hídrico del Marco de Jerez. Utilización de las Reservas (PU). Periodo de Recarga o de Almacenamiento de Reserva del suelo (PR) periodo de sequía o falta de agua (PS). PREC-efect: precipitaciones efectivas, ETc/m: evapotranspiración del cultivo mensual. CRISTINA PANDO. TESIS DOCTORAL 2007.Original ↗

El balance entre entradas de agua, almacenamiento y gasto se mantiene equilibrado hasta abril, siendo esencial el control de las cubiertas vegetales para evitar que el estrés de la planta sea demasiado intenso durante su crecimiento inicial. Es al final del periodo húmedo cuando se levantan las cubiertas, en caso de haberlas, y se rompe la aserpia (surco longitudinal destinado a favorecer la infiltración).

A partir de abril comienza el periodo de utilización de las reservas (PU), momento en el que la albariza muestra su potencial de retención de agua. El periodo de estrés o sequía se concentra entre los meses de julio y septiembre. Aunque la evapotranspiración alcanza su máximo en julio, el mayor estrés hídrico se produce en septiembre, cuando la planta ha consumido prácticamente todas sus reservas.

En los suelos más bajos y ricos en materia orgánica, la vid desarrolla una vegetación exuberante. Este exceso de vigor dispara la demanda hídrica y agota rápidamente las reservas, provocando un desfallecimiento temprano que deriva en vinos más gruesos y de menor recorrido.

La albariza, en cambio, induce un crecimiento más contenido en la planta. Su capacidad para almacenar el agua en profundidad y cederla progresivamente permite una maduración pausada y equilibrada. Esta virtud para gestionar las reservas hídricas es indispensable para la elegancia y longevidad de los grandes vinos de guarda.

Amanecer en la Sierra de Grazalema desde visto desde el pago del Corchuelo en Jerez.
Amanecer en la Sierra de Grazalema desde visto desde el pago del Corchuelo en Jerez.Ampliar ↗

En las últimas décadas, las precipitaciones tienden a concentrarse en un menor número de días, con episodios torrenciales cada vez más frecuentes que dificultan la infiltración del agua, incluso a pesar del alumbrado. Este cambio en el régimen de lluvias, analizado con mayor detalle en el apéndice dedicado al cambio climático, explica la creciente irregularidad del ciclo hídrico. Aun así, en condiciones normales, la viña puede desarrollarse adecuadamente con cantidades de agua comprendidas entre 300 y 500 l/m2 al año, cifras que se superan con holgura la mayoría de las campañas.

Esa irregularidad no se limita al tiempo, sino también al espacio. No todos los puntos de la provincia comparten la misma pluviometría: conforme se avanza hacia el interior, las precipitaciones aumentan notablemente. No es raro que dos pluviómetros situados a escasos kilómetros registren valores radicalmente distintos, fenómeno característico de la naturaleza discontinua y torrencial de las lluvias gaditanas.

Sin embargo, el balance hídrico no depende solo del agua caída, sino también de la que se conserva. La menor pluviometría de zonas costeras como Sanlúcar se ve compensada por unas condiciones atmosféricas más suaves, donde la alta humedad ambiental reduce drásticamente la evapotranspiración. De este modo, las cepas del litoral logran optimizar sus recursos y padecen menos estrés que las del interior, pese a recibir menos lluvia. Es precisamente este factor ambiental el que toma el relevo para sostener al viñedo cuando cesan las precipitaciones.

Cada pago, en consecuencia, debe adaptarse a su propio balance hídrico. Las herramientas del viticultor son limitadas, pues la poda se realiza antes de finalizar el periodo de lluvias y se trabaja sobre la madera del año anterior. Aun así, puede regularse el equilibrio mediante la gestión de la vegetación espontánea o sembrada en las calles —para conservar o deprimir humedad—, del laboreo del suelo o mediante la eliminación selectiva de brotes, hojas o racimos según la evolución climática.

En ausencia de precipitaciones, la hidratación del viñedo en el Marco de Jerez viene condicionada por la inmensa masa de agua del océano Atlántico. Si bien la humedad base depende de esta proximidad marina, sus oscilaciones diarias obedecen al viento dominante: los flujos de poniente y sur elevan siempre la humedad relativa, mientras que el levante y el norte la reducen drásticamente.

Esta influencia dibuja un claro gradiente en el territorio. La humedad es mucho más estable en el litoral, donde alcanza valores medios anuales del 72 %. A medida que aumenta la distancia al océano y la altitud del viñedo hacia el interior, este promedio disminuye paulatinamente hasta el 69 %, presentando además mayores fluctuaciones térmicas entre el día y la noche.

Una manifestación palpable de esta influencia atlántica es lo que los viticultores denominan blandura. Este fenómeno describe el estado del suelo cuando amanece húmedo debido a la condensación nocturna y las nieblas matinales, provocadas por el enfriamiento del suelo y la entrada de aire húmedo. La blandura actúa como un "riego tenue" que alivia el estrés hídrico en los meses secos, siendo mucho más frecuente e intensa en la franja costera que en el interior.

Desde el punto de vista enológico, esta disparidad higrométrica es determinante para la maduración. En zonas costeras como Sanlúcar, la alta humedad ralentiza el proceso y la acumulación de azúcares es muy pausada. Por el contrario, en los pagos del interior, la menor humedad ambiental acelera la concentración del mosto. Esta condición genera diferencias muy acentuadas en una misma añada, pudiendo registrarse variaciones notables de riqueza alcohólica potencial en apenas 20 kilómetros de distancia.

Por último, esta misma diferencia hace que la presión de enfermedades criptogámicas sea notablemente superior en la costa que en el interior. La persistencia de la humedad y las temperaturas suaves crean un entorno favorable para el desarrollo de hongos en el viñedo litoral, exigiendo una vigilancia exhaustiva. Sin embargo, esa misma condición ambiental resulta indispensable en la bodega, ya que ayuda a mantener vivo el velo de flor durante la crianza.

Niebla entre Macharnudo y Añina. Cuando moja el suelo es conocida localmente como “blandura”y  proporciona un alivio al estrés del periodo estival en las cepas.
Niebla entre Macharnudo y Añina. Cuando moja el suelo es conocida localmente como “blandura”y proporciona un alivio al estrés del periodo estival en las cepas.Ampliar ↗

La temperatura constituye uno de los factores más determinantes en el mundo del vino. A partir de ella se definen los estilos, las maduraciones y, en gran medida, el carácter de cada región. El debate sobre si una añada es fría o cálida, o sobre el grado ideal de conservación y servicio de un vino, forma parte del lenguaje cotidiano de la enología. Incluso en las bodegas del Marco es frecuente referirse a la orientación de los edificios —hacia poniente o levante— como garantía de frescura y equilibrio en la crianza bajo velo.

A diferencia de otras zonas vitícolas de la península, Jerez no cuenta con la altitud como recurso natural de enfriamiento. Si se toma el Santo como la cota más elevada del Jerez histórico, apenas alcanza los 136 m s. n. m. Sin embargo, el Marco dispone de un regulador térmico de primer orden: el océano Atlántico. Conforme se avanza hacia la costa, las temperaturas descienden con rapidez, pudiendo registrarse diferencias de hasta diez grados entre las viñas del interior y las situadas junto al mar. Gracias a esta influencia oceánica, el clima del Marco puede definirse como oceánico-mediterráneo, una transición singular entre dos dominios climáticos que explica la diversidad de sus vinos.

Aunque pudiera pensarse que la temperatura media de cada población depende directamente de su cercanía al mar, esta es, en realidad, la variable que menos se modifica. Con una media anual de 17,7 °C, la más baja corresponde a Chiclana (16,9 °C) y la más alta a Cádiz (18,3 °C), lo que demuestra que las isotermas no siguen de manera estricta la línea de costa.

Las temperaturas máximas, en cambio, sí reflejan con claridad el efecto moderador del océano. En Trebujena, por ejemplo, los valores son sensiblemente superiores a los de la Bahía de Cádiz. En el área considerada como Jerez Superior, las medias de las máximas anuales se sitúan entre 22 y 24 °C, alcanzando durante la maduración y la vendimia cifras ligeramente superiores a 30 °C. Son valores idóneos para lograr una madurez completa sin comprometer el equilibrio fisiológico de la vid.

En cuanto a las temperaturas mínimas, la influencia del Atlántico vuelve a ser decisiva. Las zonas próximas a la costa disfrutan de inviernos más templados, mientras que las situadas tierra adentro presentan descensos más acusados. Las heladas, granizos o nevadas son prácticamente inexistentes, y aunque la vid dispone de suficientes horas de frío durante su reposo invernal, algunos años se observan rebrotes vegetales entre la caída de la hoja y la poda, signo de un clima tan benigno como irregular.

Índice de Huglin: una clave climática para leer las tipologías históricas

El índice de Huglin expresa la energía heliotérmica acumulada durante el ciclo vegetativo de la vid, entre los meses de abril y septiembre. No describe episodios concretos ni fenómenos aislados, sino un gradiente térmico estable que condiciona la maduración de la uva a escala territorial.

En el Marco de Jerez, su interés no reside en el valor absoluto del índice, sino en su distribución espacial. El progresivo alejamiento del Atlántico genera un aumento sistemático de la energía térmica disponible, configurando un eje litoral-interior claramente reconocible.

Este gradiente fue históricamente leído sin instrumentos ni formulaciones climáticas. A partir de la observación prolongada del vino y de su evolución en bodega, los viticultores del Marco identificaron zonas que tendían de forma recurrente a producir vinos más ligeros y tensos, y otras donde la materia prima mostraba mayor cuerpo, estructura y resistencia a crianzas prolongadas. De esa lectura empírica surgieron las tipologías históricas que articularon el territorio durante siglos.

El índice de Huglin no explica por sí solo estas tipologías ni pretende sustituir la complejidad del medio físico. Sin embargo, la coincidencia entre sus gradientes térmicos y la distribución histórica de estilos en los pagos en los que se desarrolla permite utilizarlo como una herramienta eficaz para hacer visible una lógica territorial que ya operaba antes de su formulación.

Índice Bioclimático de Hidalgo

El Índice Bioclimático de Hidalgo permite evaluar, a partir de la temperatura y la luminosidad, las posibilidades diarias de fotosíntesis de la vid y su relación con la disponibilidad de agua. Dicho índice determina el equilibrio teórico entre la humedad y la sequedad del medio: los valores inferiores a 5 indican estrés hídrico; los superiores a 25, exceso de humedad. El rango óptimo se sitúa en torno a 15 ± 10. En las zonas de viñedo consideradas de mayor calidad, los valores medios oscilan entre 12,6 y 15,2, lo que confirma un equilibrio climático ideal para la madurez pausada y la expresión de los suelos calizos.

El análisis de las series históricas del Observatorio de San Fernando y de Jerez aeropuerto, tal y como se presenta en el trabajo de Gómez et al. (2023), se basa en los registros más antiguos y fiables disponibles en el Marco. El Observatorio de San Fernando conserva datos diarios continuados desde 1870, un archivo excepcional por su rigor científico y por la continuidad metodológica de sus mediciones. El aeropuerto de Jerez, por su parte, aporta una serie homogénea desde 1946, verificada y mantenida bajo los protocolos de la red oficial de AEMET. La combinación de ambas fuentes permite reconstruir la evolución térmica e hídrica del Marco con una solidez estadística poco habitual en regiones vitícolas. A estas referencias se suman las series pluviométricas del Rancho de la Merced y de la Viña El Majuelo, que, aunque no ofrecen la misma fiabilidad en temperatura, sí aportan una imagen fiel de cómo llueve realmente en los pagos y de cómo ha cambiado la distribución anual de las precipitaciones.

Para entender el cambio climático reciente del Marco conviene observar de forma conjunta la evolución de temperaturas y lluvias, puesto que ambas dimensiones muestran una tendencia clara y coherente. Desde la década de los setenta del siglo xx, las temperaturas medias, máximas y mínimas han aumentado alrededor de un grado largo, con una consistencia que confirma una tendencia estable.

Evolución de las temperaturas

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Evolución de las temperaturas en períodos de 20 añosOriginal ↗

En paralelo la tendencia descendente de la lluvia se hace visible tanto en las series oficiales como en las locales. Las medias históricas del Marco, que durante el final del siglo xix rondaban los 666 l/m2 al año, han caído hasta valores próximos a 555 l/m2 anuales en el periodo reciente. También se observa una reducción clara en el número de días considerados realmente útiles para el viñedo. Los registros de los inicios de la serie contabilizaban unos 81 días de lluvia efectiva al año, mientras que en las últimas décadas esa cifra se sitúa en torno a 57 días si se aplica un umbral de 1 l/m2/día, que es el que determina la infiltración real en el suelo. A ello se suma un carácter más torrencial de las precipitaciones. La lluvia llega en menos episodios y con más intensidad, lo que favorece la escorrentía, limita la infiltración y reduce la recarga de los perfiles profundos incluso en suelos aserpiados.

Días de lluvia · Jerez

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Días de lluvia por año. Datos Rancho de la Merced (Macharnudo)Original ↗

Este desplazamiento climático se refleja también en la estructura de las estaciones. La primavera climática se ha reducido de más de 100 días a poco más de 70, mientras que el verano se ha alargado hasta prácticamente ocupar 1/3 del año. Este cambio ajusta el calendario del ciclo vegetativo, adelanta la maduración y obliga a la planta a completar fases importantes bajo un número creciente de horas cálidas. Los cambios térmicos son inequívocos y, a partir de las series oficiales analizadas por Gómez, las temperaturas medias, máximas y mínimas del Marco han aumentado entre algo más de 1 °C en los últimos cincuenta años.

Duración de las estaciones

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Duración de estaciones en JerezOriginal ↗

En cuanto a la precipitación futura, los escenarios más extendidos la sitúan en un rango entre 300 y 500 l/año, según el horizonte temporal, la influencia marítima o la posición dentro del Marco. Las proyecciones regionalizadas para las próximas décadas refuerzan esta tendencia térmica y sitúan un incremento adicional entre 0’,7 °C y 1 °C.

Previsión de evolución de las temperaturas

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Temperaturas máximas, mínimas y medias (ºC) previstas hasta el año 2084 en los observatorios de Jerez AE y San Fernando ROAOriginal ↗

Temperaturas mínimas · Cádiz · Anual

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Valores medios de las temperaturas mínimas (ºC) previstas por la AEMET para Cádiz hasta el año 2100Original ↗

El trabajo de Hodgetts, publicado en el 2017, ya anticipaba parte de esta dinámica. En su modelo, el calentamiento y la modificación de las estaciones implicaban un descenso teórico de la productividad en torno a 763 kg/ha en el Marco. Esa cifra era prudente incluso en su momento, y las últimas campañas han superado ampliamente ese valor en años secos y calurosos. Integrado en las series locales, el dato confirma que la estructura aromática y el perfil ácido que sostuvieron los grandes vinos del pasado dependían de ventanas climáticas más amplias y frescas que las actuales. No es que resulte imposible reproducir las condiciones que acompañaron a los vinos históricos de Pedro Domecq o de Domingo Pérez Marín, sino que la horquilla natural se ha comprimido, y lograr ese tipo de equilibrio exige una precisión agronómica mayor.

En ese contexto las prácticas de manejo del suelo adquieren un valor determinante. El mulching emerge como la herramienta más sólida en un escenario en el que la primavera es más corta y el verano más largo. Su capacidad para reducir la evaporación, estabilizar la temperatura del suelo y sostener la actividad microbiana permite amortiguar el estrés hídrico y mantener el ritmo fisiológico de la planta en periodos cálidos más prolongados. A diferencia de la cubierta vegetal, cuyo margen de uso en el Marco es estrecho y requiere evitar competencia hídrica, el mulching actúa de forma continua y se adapta mejor a años secos y calurosos.

El aserpiado cobra aún más sentido cuando se observan los datos de infiltración y el patrón de lluvias concentradas. Con episodios más breves y violentos, asegurarse que el agua penetre en profundidad y recargue los perfiles activos es una prioridad. Esta práctica, unida a una gestión cuidada de la densidad foliar y de la sombra, compensa parcialmente la mayor exposición térmica reflejada en las series recientes.

La bodega tampoco queda al margen de esta evolución. Con veranos más largos y temperaturas al alza la crianza biológica trabaja más meses dentro de rangos térmicos altos, lo que requiere ajustar ventilaciones, humedades y ritmos de rocío. Las crianzas oxidativas, en cambio, pueden beneficiarse de una mayor energía térmica siempre que la uva llegue con el equilibrio adecuado entre concentración y frescura, un equilibrio que hoy depende más del manejo del suelo y de la elección del momento de vendimia que de la inercia climática.